El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición neurológica y de desarrollo que comienza en la niñez y dura toda la vida. Esta condición puede afectar el comportamiento social de una persona, la forma en que interactúa con otros, se comunica y aprende. Este trastorno incluye lo que se conocía como autismo en general, el síndrome de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Los TEA aparecen antes de los tres años de edad. Algunos niños con  este trastorno dan señales de que presentarán problemas futuros a los pocos meses de nacidos. En otros niños, los síntomas podrían no manifestarse sino hasta los 24 meses de nacidos o después. Algunas de las señales que un menor puede presentar, según la edad, son:

  • No reacciona cuando se le llama por su nombre cerca de los 12 meses de edad o más.
  • No señala objetos para mostrar su interés (señalar un avión que está volando), cerca de los 14 meses de edad o más.
  • No juega haciendo escenarios imaginarios (por ejemplo, dar de “comer” a la muñeca), cerca de los 18 meses o más.
  • Evita el contacto visual y prefiere estar solo.
  • Tiene dificultad para comprender los sentimientos de otras personas o para expresar sus propios sentimientos.
  • Tiene retrasos en el desarrollo, específicamente en el habla y el lenguaje.
  • Repite palabras o frases una y otra vez.
  • Contesta cosas que no tienen que ver con las preguntas que le realizan.
  • Le irritan los cambios mínimos en sus rutinas.
  • Tiene intereses obsesivos.
  • Aletea con las manos, mece su cuerpo o gira en círculos.
  • Reacciona de manera extraña a la forma en que las cosas huelen, saben, se ven, se sienten o suenan.

A pesar de que muchos de sus comportamientos pueden resultar “extraños” para algunas personas, ya que pueden ser comportamientos diferentes a los de la mayoría de los niños, quienes están diagnosticados con TEA son personas realmente especiales. Su forma de ver y percibir el mundo es distinta. Si bien es cierto que se les debe ayudar a que logren una mejor adaptación a su entorno, también es cierto que como sociedad debemos hacer los ajustes para comprender su mundo y aceptarlos tal cual son.

El pediatra es el primero que debe evaluar el desarrollo de tu hijo. Existe un cuestionario formal que ayuda a identificar las conductas de riesgo que pudiese presentar un niño con TEA. Si crees que tu hijo tiene dificultades en la manera en que juega, aprende, habla o actúa, exprésale al pediatra tus inquietudes.

El diagnóstico e intervención temprana puede contribuir significativamente a un mejor desarrollo de niños con TEA.