Dos semanas en Italia, un crucero todo incluido, una estadía en los hoteles de los parques temáticos en Disney World, ¡quién no quisiera planes como éstos todos los años! A pesar de que es recomendable planificar unas buenas vacaciones de vez en cuando, la realidad es que no todos los años se puede hacer un viaje costoso, ni todas las familias pueden costear irse a vacacionar por varias semanas.

¿Cómo se puede entonces disfrutar de los beneficios de las vacaciones sin tener que gastar una fortuna? Aunque se requiere hacer unos cuantos cambios en el pensamiento y llegar a la raíz de éstos, ¡lograrlo sí es posible! A continuación algunas ideas que puedes comenzar a poner en práctica aprovechando este nuevo año.

  1. Ahorra más. Desglosa cada uno de tus gastos, por más pequeños que sean. Esto te ayudará a saber en qué estás gastando el dinero y qué gastos puedes eliminar. Destina una cantidad bisemanal para ahorro (en una cuenta, en una alcancía o sobre). Poco a poco irás reuniendo dinero para darte esas pequeñas escapadas en medio de la semana o el wiken. Aun cuando no tengas disponibles dos semanas de vacaciones, puedes darte unos gustos salteados que te harán sentir recargada/o, desconectarte de la rutina y disfrutar de las cosas que te gusta hacer.
  2. Reevalúa tus expectativas. Siéntate, escribe y analiza cuáles son tus deseos, tus metas y tus sueños. Si bien es cierto que tenemos que soñar en grande, también debemos ser realistas con nuestras expectativas. Por ejemplo, si tu sueño es viajar todos los años a Europa, debes comenzar evaluando el costo de tu sueño. Si es algo que puedes pagar aun sin atrasar el resto de las cuentas, ¡prepara esas maletas y disfrútalo! Pero, si no te alcanza para hacerlo todos los años, es momento de modificar esa expectativa. Si la mantienes y no lo realizas, es probable que continuamente estés desmotivada/o, frustrada/o, incluso infeliz.
  3. Disfruta de lo simple. Volvamos a la raíz del pensamiento. Identifica qué es lo que te hace feliz, qué te hace reír, qué te hace sentir bien. Si en la lista solo encuentras cosas materiales, viajes espléndidos y acciones de los demás, ¡hay que comenzar a retar ese pensamiento de lo que es para ti la felicidad! La meta es lograr balancear eso extraordinario que te hace feliz, con aquellas otras cosas que aunque más simples, también te sacan sonrisas. Por ejemplo, compartir con tus hijos o nietos. Si es así, no puedes esperar a tener vacaciones para compartir junto a ellos. Saca unos pequeños espacios en tu día a día, apaga el celular y la computadora y dedícalos a ellos. Luego, analiza cómo te sentiste…y si lograste sonreír, ¡repítelo todas las semanas! Por otro lado, si disfrutas un café y un buen libro, prepara un pequeño espacio en tu casa y permítete allí al menos 15 o 20 minutos. Date permiso. No esperes a poder estar en un hotel lujoso, frente al mar o en un spa, para relajarte y pasar un rato contigo misma/o.
  4. Haz los cambios necesarios. Si tu trabajo te aborrece, no sientes que tu casa es tu hogar…y ni siquiera ese corte de pelo te gusta, ¡lánzate a los cambios sin miedo! Hacerlo te ayudará a disfrutar más tu día a día, sin tener la necesidad de querer escapar en las vacaciones. Haz los cambios grandes que hagan falta para que te sientas más feliz, y haz también esos pequeños cambios que por costumbre o “por falta de tiempo” no has hecho.
  5. Practica el autocuidado. Si no duermes bien, no te alimentas bien, no te sientas bien en tu silla, es normal que todos los días anheles que lleguen las vacaciones para poder descansar, comer rico y cuidarte. ¿Qué tal si todo esto puedes comenzar a hacerlo desde ahora con tan solo hacer unas pequeñas modificaciones en tu rutina diaria? No dejes para después cuidar de ti, hazlo desde ahora, y cada día de tu vida.

Disfrutar de unos merecidos días de vacaciones es algo preciado y necesario. Sin embargo, no es saludable vivir en amargura y solo tener la esperanza de que todo será diferente cuando lleguen las vacaciones. Hoy, también puedes ser feliz.