El esmero y la humildad son solo algunas de las lecciones que le obsequió don Israel Bernardini a esta numerosa familia

Los hijos e hijas de don Israel Bernardini aprendieron a fajarse en cualquier escenario. Su padre les enseñó a dejarlo todo en el terreno y a hacer el bien sin importar la profesión que escogieran.

Y es que don Israel sudó la crianza de sus vástagos. Pero hoy —a sus 74 años y participante del Members Club de Medicare y Mucho Más (MMM) en Bayamón— se desborda en orgullo al hablar de su trabuco, compuesto por Bethzaida, Yolanda, Israel, Joan, Nereida, Juan Gabriel, Daniel y Edgar.

“Lo más que me gustó a mí es que siguieron por un buen camino. Estudiaron hasta lo último, hasta que se graduaron, se hicieron profesionales y doy gracias a Dios que todos siguieron por ese camino”, cuenta el también empleado retirado del gobierno.

Pero don Israel es un entusiasta de los deportes y evitar hablar de estos le resulta complicado. En sus años de juventud también practicó el béisbol. Sin embargo, ahora confiesa que disfruta acudir a los parques con sus nietos y de vez en cuando también sacar un poco de la cría que le enseñó a sus descendientes, pero en la mesa de dominó del Members Club, un centro de encuentro exclusivo para afiliados del plan Medicare Advantage MMM.

A pesar de que el béisbol reinaba en el hogar, don Israel tuvo tres hijos que se interesaron por el hipismo. Juan Gabriel, Daniel y Edgar optaron por los caballos sobre los bates y los guantes de la pelota.

No importó, porque don Israel sabía que sus hijos darían los cuadrangulares, pero en el hipódromo.

“Les dije: ‘Bueno, ustedes quieren ser jockeys, pues vamos a estudiarlo y vamos para allá. Pues yo los llevé al hipódromo. Allí cogieron los exámenes, hicieron todo hasta que se hicieron jockeys”, relata.

Daniel afirma que su papá no titubeó en apoyarlos y que madrugaba junto a ellos para llevarlos todos los días a sus entrenamientos en la Escuela Vocacional Hípica. Él ahora tiene 27 años y reside en Nueva York, donde se dedica a entrenar caballos de carrera. Sus hermanos Juan Gabriel y Edgar también se trasladaron a Estados Unidos para trabajar en la industria hípica.

Si algo Daniel le agradece a su papá, es que siempre los apoyó en el camino a cumplir sus metas. El día que le toque tener sus propios hijos, Daniel confía en que repartirá una buena dosis de lo que aprendió de su progenitor y les enseñará a luchar por lo que se propongan, pero, sobre todo, a ser humildes.

Y Joan, quien sí prefirió quedarse en los parques de pelota, afirma que de su padre aprendió a encaminar su vida en el deporte, pero más importante aún, a andar por buenos caminos y a inculcarle a sus hijos el respeto hacia los demás.

Mientras tanto, don Israel juega tranquilo en las mesas de dominó del Members Club, que visita casi a diario, sabiendo que ya el campeonato lo ganó con los logros de sus hijos e hijas.

 

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