Un nuevo año comienza muchas veces con la ilusión de lograr nuevas metas, de llevar a cabo esos planes que tanto quisiéramos y de terminar aquellos proyectos empezados. Es partiendo de esa ilusión que se crean las famosas resoluciones de año nuevo. Pero, ¿qué pasa que año tras año se quedan sin cumplir?

  1. Si tienes tus resoluciones escritas, siéntate a mirarlas nuevamente. Analízalas. Visualízalas. Procede a evaluar si todavía siguen siendo importantes para ti. Si encuentras algunas que ya no lo son, táchalas o modifícalas para que sean más realistas. Si al comenzar el año, las pensaste pero no las escribiste, saca lápiz y papel y anótalas.
  2. Entonces estás listo para ir al segundo paso. Escoge aquellas que tienen prioridad y anota cuáles serían los pasos para lograrlas. Sé específico en tus anotaciones. Por ejemplo, llamar a X persona, verificar X información, comprar X ingredientes para comenzar a cocinar más sano desde esta misma semana, matricularte en esas clases que deseas tomar. En fin, se trata de especificar qué cosas debes hacer paso por paso para lograr cada meta.
  3. Síguele el paso durante todo el año. Un error común es dejar ese papel con las resoluciones dentro de una gaveta o libreta. A pesar de que puedas tener algunas de las metas en tu mente, verlas frecuentemente te ayudará a visualizarlas y recordar lo que aun tienes pendiente por hacer para lograrlas.

Adelante con tus metas a nivel físico, mental, emocional, familiar y financiero. ¡Tú puedes lograrlas!

 

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